III. EL CUELLO
Se vio sentada en laparte trasera del auto. Pensaba en las baldosas. En saltar. Lehubiese gustado volver a ese pasillo a saltar y a tratar de ocuparmás baldosas en cada zancada sin andar escondiéndose como si fuerauna práctica que un adulto no podía hacer. Luego haría lo inverso,ensayaría pasos cortitos para entrar en cada baldosa y así evitarlas líneas. Fijó su mirada en la ventana polarizada del auto. Enlas formas de las cosas. Su cuello volvió a recordarle la molestiaque sentía. Su cuello volvió a recordarle el juego placentero consu pelo. Su cuello le recordó al dolor. Por primera vez sacó sucelular del bolsito. Un faso que pasaron la sacó de su trance. Lofumó sin reparar en su búsqueda y lo pasó. Prendió su celular yfue directamente a google y puso, “dolor de cuello”.
Enbiodecodificación, el cuello representa la capacidad de serflexibles en nuestra manera de pensar,
dever los diversos aspectos de una cuestión y de aceptar que otraspersonas
tenganpuntos de vista diferentes.
Cuandohay problemas con el cuello, generalmente significan que nos hemos«atrincherado» en nuestro concepto de una situación.
Esla prolongación de la cabeza. Tenemos los cinco sentidos en lacabeza y los movimientos del
cuelloaumentan el perímetro de percepción de los sentidos.
Se río, ajena a lascharlas y las presencias del auto. Entonces pensó en su pelo, sesintió poderosa en su pelo. Luego sintió ganas de masturbarse yluego de dormir. Le hubiese gustado estar, en ese mismo instante, enuna cama para ella sola.
La risa aguda deSofia la sacó de su trance. “Sole. ¿Estas bien, boluda?”, lepreguntó Sofia. “No hablas chabona; ¿Qué onda?”.
“Nada, me colgué,perdón”, respondió.
- “Bruno; ¿Tepuedo preguntar algo?”. Insistió Sofía acompañando su preguntacon un lenguaje gestual que anticipaba un doble sentido y quedelataba que esas palabras habían sido guardadas por mucho tiempo,que habían adquirido diferentes formas posibles de ser preguntadas yque, finalmente, las tiró confiando en que ese momento de alcohol ymarihuana harían de malla contenedora para las palabras. “Es unmito que se corre por el curso desde fines del año pasado, como deque tu tamaño es…” Haciendo ademanes con la mano.
- “¿Qué!?”.Preguntó desconcertado el flaco.
Lau, ajena tambiéna todo lo que pasaba en el auto, nunca dejó de mirar por laventanilla del acompañante. Nerviosa, plantó una carcajadareprimida y se mordió el labio inferior negando con la cabeza lo queescuchaba de boca de Sole. No podía creer que le haya preguntadoeso.
Y repreguntódisfrutando el momento de incomodidad que había generado y que erafuncional a su pregunta y su carácter; “si es cierto que tu tamañono es humano”.
Y ante el silenciogenerado por la incredulidad de Lau y la música un tanto fuerte delestéreo; puso“mute” y ya levantando la voz lo miró a Bruno porel espejo retrovisor, “de que tenés la chota grande, boludo”,gritó.
Laura se rió de losnervios, Bruno se puso colorado y Sole no salía de su asombro antetal pregunta. Un poco más lúcida que antes, mostró su incredulidadcon varios gestos de su cara pero lo miró a Bruno; quizás porprimera vez en toda la noche. Pudo ver la cara enrojecida y lavergüenza del chabón, miró hacia el espejo retrovisor y notó elrostro de Sofía cagándose de risa y lo volvió a mirar a Bruno. Talsituación le dio una cierta ternura. Ese fue el primer sentimientoprocesado y consciente que tuvo Sole hacia el flaco esa noche.
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Se vio sentada en laparte trasera del auto. Pensaba en las baldosas. En saltar. Lehubiese gustado volver a ese pasillo a saltar y a tratar de ocuparmás baldosas en cada zancada sin andar escondiéndose como si fuerauna práctica que un adulto no podía hacer. Luego haría lo inverso,ensayaría pasos cortitos para entrar en cada baldosa y así evitarlas líneas. Fijó su mirada en la ventana polarizada del auto. Enlas formas de las cosas. Su cuello volvió a recordarle la molestiaque sentía. Su cuello volvió a recordarle el juego placentero consu pelo. Su cuello le recordó al dolor. Por primera vez sacó sucelular del bolsito. Un faso que pasaron la sacó de su trance. Lofumó sin reparar en su búsqueda y lo pasó. Prendió su celular yfue directamente a google y puso, “dolor de cuello”.
Enbiodecodificación, el cuello representa la capacidad de serflexibles en nuestra manera de pensar,
dever los diversos aspectos de una cuestión y de aceptar que otraspersonas
tenganpuntos de vista diferentes.
Cuandohay problemas con el cuello, generalmente significan que nos hemos«atrincherado» en nuestro concepto de una situación.
Esla prolongación de la cabeza. Tenemos los cinco sentidos en lacabeza y los movimientos del
cuelloaumentan el perímetro de percepción de los sentidos.
Se río, ajena a lascharlas y las presencias del auto. Entonces pensó en su pelo, sesintió poderosa en su pelo. Luego sintió ganas de masturbarse yluego de dormir. Le hubiese gustado estar, en ese mismo instante, enuna cama para ella sola.
La risa aguda deSofia la sacó de su trance. “Sole. ¿Estas bien, boluda?”, lepreguntó Sofia. “No hablas chabona; ¿Qué onda?”.
“Nada, me colgué,perdón”, respondió.
- “Bruno; ¿Tepuedo preguntar algo?”. Insistió Sofía acompañando su preguntacon un lenguaje gestual que anticipaba un doble sentido y quedelataba que esas palabras habían sido guardadas por mucho tiempo,que habían adquirido diferentes formas posibles de ser preguntadas yque, finalmente, las tiró confiando en que ese momento de alcohol ymarihuana harían de malla contenedora para las palabras. “Es unmito que se corre por el curso desde fines del año pasado, como deque tu tamaño es…” Haciendo ademanes con la mano.
- “¿Qué!?”.Preguntó desconcertado el flaco.
Lau, ajena tambiéna todo lo que pasaba en el auto, nunca dejó de mirar por laventanilla del acompañante. Nerviosa, plantó una carcajadareprimida y se mordió el labio inferior negando con la cabeza lo queescuchaba de boca de Sole. No podía creer que le haya preguntadoeso.
Y repreguntódisfrutando el momento de incomodidad que había generado y que erafuncional a su pregunta y su carácter; “si es cierto que tu tamañono es humano”.
Y ante el silenciogenerado por la incredulidad de Lau y la música un tanto fuerte delestéreo; puso“mute” y ya levantando la voz lo miró a Bruno porel espejo retrovisor, “de que tenés la chota grande, boludo”,gritó.
Laura se rió de losnervios, Bruno se puso colorado y Sole no salía de su asombro antetal pregunta. Un poco más lúcida que antes, mostró su incredulidadcon varios gestos de su cara pero lo miró a Bruno; quizás porprimera vez en toda la noche. Pudo ver la cara enrojecida y lavergüenza del chabón, miró hacia el espejo retrovisor y notó elrostro de Sofía cagándose de risa y lo volvió a mirar a Bruno. Talsituación le dio una cierta ternura. Ese fue el primer sentimientoprocesado y consciente que tuvo Sole hacia el flaco esa noche.
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1 comentarios - 3 amigas y un pijón- Parte 3